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Visita al Campo de Concentración de Navalcarnero.

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Por Dani - SOV Madrid de CNT-AIT

Es 31 de Diciembre. Son las 6 de la tarde y la mayor parte de la gente se dedica a insuflarse vía oral una cerveza tras otra para celebrar la llegada de un año nuevo, adelanto de lo que vendrá horas mas tarde, recibiendo dosis de felicidad en forma de alcohol, según una relación directamente proporcional. Sin embargo, la vida no cambiará para casi nadie a partir del 1 de enero. Y menos aún cambiará para todas las personas reclusas de cualquier prisión del mundo. Para ellos/as un nuevo año no es más que una nueva cruz en la pared de la celda. Entre ellos están los presos y presas anarquistas, encarcelados por luchar por ese mundo nuevo que llevan en unos corazones que nadie ha conseguido jamás encerrar entre cuatro paredes. Y ese día 31, cumpliendo con una tradición que ya tiene algunos años, varios colectivos convocaron una marcha a la cárcel de Navalcarnero, donde viven secuestradas legalmente unas 1200 personas. Es una de tantas prisiones españolas que sufre la masificación, problema que lo único que evidencia es que el Estado produce más pobreza y rebelión que la que es capaz de reprimir. De hecho esta cárcel fue construida con una capacidad para 891 internos.

No éramos más de 20 personas, la mayoría cercanos al CSO La Kasika de Móstoles, y algunos compañeros de CNT. Desde allí cogimos el autobús que nos dejó en medio de la nada. Tras 20 minutos andando campo a través nos dimos de frente con la valla que rodea la prisión. Ya había anochecido. La primera impresión es desoladora, pues no puedes acercarte a más de 50 metros de los muros exteriores, ya que la valla te lo impide. Una valla muy parecida a la que secciona las vidas y las esperanzas de nuestros hermanos africanos al intentar alcanzar un mundo mejor. Sobre ella colocaron los compañeros/as dos pancartas denunciando la tortura y exigiendo la libertad de los presos. Por encima de los muros se podían ver los módulos a lo lejos. Enseguida empezamos a corear gritos y consignas. Se lanzaron numerosos cohetes y petardos para demostrar a los presos que estamos aquí una vez más, apoyándoles. Nuestros silbidos eran respondidos con silbidos y voces desde dentro. Por poco que llegara, la comunicación existió por algunos minutos.

Entonces comencé a intentar adivinar cual era la diferencia entre aquello y un Campo de Concentración nazi. No la encontré. Aquellos silbidos me recordaban las historias de los supervivientes del holocausto que se comunicaban por silbidos con sus familiares separados en distintas zonas del campo. El penal se parece mucho a los campos nazis en los que he estado, Dachau en Alemania y Terezin en la Rep. Checa. Son lugares donde los gobiernos encierran, torturan y asesinan a aquellos que consideran enemigos suyos y peligrosos para la sociedad, por lo general pobres o excluidos sociales. La guardia civil patrullaba rodeando el muro, como militares en un campo de guerra. Cada estado tiene su propia guerra. Hitler la tuvo contra los judíos y otras minorías sociales y el Estado Español la tiene contra el terrorismo, la droga, la delincuencia.... y por supuesto el anarquismo. Y cualquier guerra que se precie debe tener sus propios campos de prisioneros donde, muy lejos de solucionar ningún problema, se pretende asfixiar la vida y la libertad de los que no han cumplido con las reglas de un mundo que ellos no han elegido. Un mundo que dice "Construyamos prisiones y creemos después delincuentes para llenarlas".

La sensación es de irracionalidad. Piensas que en aquella mole hay más de mil personas encerradas a la fuerza (entre ellas nuestro compañero del sindicato Eduardo García), y tu mente se niega a comprenderlo. Aquella noche volví a casa, cené solo y me acosté, pues no tenía ninguna intención de cenar con mi familia, ni brindar por nada.

Si alguna vez estoy dentro quiero que mis compañeros/as vayan a tirar cohetes y exigir mi libertad, porque la impresión de estar apoyado por el entorno libertario tiene que ser el único desahogo allí dentro, y un aliento importante para no dejar de luchar. Nunca deberíamos olvidar a nuestros presos/as.

ABAJO LOS MUROS DE LAS PRISIONES
LIBERTAD PRESOS ANARQUISTAS.