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SAL A LA CALLE Y PATALEA

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La paz social amordaza a la clase trabajadora[i] y lejos de ser capaz de dar una respuesta como clase ante las agresiones capitalistas, el conformismo imperante siembra un negro panorama futuro. Ni siquiera los sectores que en las últimas décadas venían dando en mayor o en menor grado de combatividad respuestas de lucha al vigente orden capitalista como los jóvenes trabajadores y estudiantes, parecen tener una capacidad real de resistencia.

Existen honrosas excepciones, revueltas puntuales donde el pueblo ha dicho “basta” al continuo recorte de derechos laborales y sociales como es el caso de la clase trabajadora griega y de otras regiones europeas, además de las revueltas de diversos pueblos árabes. Pero aún así, los sectores libertarios no han conseguido propagar entre estos movimientos populares una lucha realmente ofensiva contra la raíz del problema: el Capital y el Estado. A
a pesar de los indudables esfuerzos con los que los anarquistas pretendían extender el verdadero conflicto, por diversas razones que no pretendemos analizar en este texto, las insurrecciones han ido perdiendo fuerza dejándose llevar en la deriva reformista y ciudadanista, destinada a parchear el caduco sistema, vacías de cualquier contenido ideológico que pretenda una transformación real de la sociedad.

En España la situación es aún más dantesca a pesar de la muestras de dignidad y resistencia dadas por una ínfima parte de la clase trabajadora a la Reforma Laboral o al Pacto Social. La inmensa mayoría de la población ha permanecido impasible refugiada en su autoengaño. Los Sindicatos de Estado (aquellos que mediantes liberados sindicales, subvenciones y comités de empresa han hecho que el Sindicalismo se convierta en una extensión del circo electoral integrado en el sistema allanando el camino a la desmovilización de la clase obrera)[ii] y los partidos políticos han quedado deslegitimizados completamente ante los ojos de la sociedad.

Es ante esta situación cuando en los últimos tiempos han ido surgiendo diversas iniciativas como “Juventud Sin Futuro” o “Democracia Real Ya!”. Estas convocatorias, basadas en la movilizaciones puntuales cada cierto intervalo de tiempo, parecen estar poniéndose de moda. Aunque entendamos que mucha gente vea legítimo salir a la calle a protestar con todo lo que nos está cayendo encima, vemos la necesidad expresar nuestra profunda crítica a este tipo de plataformas y su modus operandi por diversos motivos.

En primer lugar, observamos que en sus diversos manifiestos el discurso empleado aunque trate de disfrazarse de radical y transformador, no ataca a pilares básicos como es el Capital y a la propiedad privada, al Estado como estructura destinada a proteger los intereses de las Clase Dominante y al autoritarismo como mal endémico en la sociedad. Tampoco realizan una crítica radical al desarrollismo capitalista y abogan muchas veces por un “desarrollo sostenible”, terminología básica en el manual de la “buena reivindicación ciudadanista”. De nada nos sirve un capitalismo verde igual de voraz y asesino en otros ámbitos de nuestras vidas. En ningún momento hay un verdadero análisis de Clase del actual orden vigente. El sujeto de la Clase Trabajadora ha sido sustituido por “ciudadano”, dando así una visión interclasista de la situación, sin analizar que el régimen actual explotación se fundamente en la explotación de la Clase Empresaria o Clase burguesa sobre la Clase Trabajadora en sus diversas formas. Que los trabajadores hayan perdido la conciencia de clase no implica que la sociedad de clases, aunque haya evolucionado, no se divida entre explotados y explotadores. Se centran exclusivamente en reivindicaciones parciales sin en ningún momento cuestionar el propio sistema como estructura originaria de las injusticias y la desigualdad. Estas carencias de base se deben a su nula “ideologización”. Se encuentran vacíos de un contenido real, de un análisis de la sociedad y de unas respuestas y alternativas reales al actual régimen de explotación del ser humano por el ser humano. Dichos manifiestos caen en el reformismo exultante para intentar llegar así a una masa mayor de gente, firmando así su propia incapacitación para suponer una amenaza real al sistema.

No podemos dejar de ver curioso toda la cobertura que por parte de la prensa burguesa y empresarial como el diario El Público o El País se le otorga a estas movilizaciones. Por un lado vemos en los organizadores de las mencionadas protestas una intención de salir en la prensa, entrando en el denominado “espectáculo integrado”. Lejos de buscar un enfrentamiento real se potencia realizar un tipo de acciones cuya repercusión sea valorada como positiva solo si sale en los mass media. La acción como medio de propaganda ha dejado de ser la principal función, priorizando buscar el alago de los “demócratas” de las diferentes editoriales de los voceros del Capital. Vemos una gran contradicción pretender criticar a los “empresarios” y “banqueros” y depender de sus “medios de información” para dar repercusión a nuestras acciones. Por supuesto los medios desempeñaron nuevamente muy bien su papel a la hora de diferenciar entre “manifestantes buenos” y “manifestantes malos” al narrar los enfrentamientos posteriores a la manifestación que en la última movilización de “Juventud Sin futuro” se dieron con la policía por parte de sectores combativos que intentaban que la manifestación no fuera un simple paseo por el centro de Madrid.

Por otro lado, muchos de los asistentes a dichos actos dista mucho de tener una actitud realmente combativa (hablamos de la tónica general) y se sumergen en un ambiente festivo, dándose incluso una especie de botellón ambulante. No creemos que una manifestación deba ser lugar para actividades lúdicas y festivas. Una manifestación debe ser una forma más de lucha dentro de nuestra batalla diaria contra la desigualdad y la injusticia social. Ha de tener un tono combativo, no necesariamente violento, pero si una seriedad acorde con lo serio que, por lo menos para nosotros, es el enfrentamiento contra el Capital, el Estado y la lucha por recuperar el control de nuestras vidas.

Nos sorprende también la falta de crítica a la Democracia Parlamentaria, forma de gobierno que la Clase Dominante adopta para dar más legitimidad a nuestra explotación. A la vez que resulta ser muy curioso que estas movilizaciones surjan en la misma primavera que hay elecciones municipales. El problema de la Clase Política no es que esté integrada por malos o corruptos gobernantes, está en la esencia misma de Gobernar. Delegar nuestros problemas en otros es parte del problema, no la solución.

La solución a nuestros problemas no se encuentra en actos que se asemejen más a una pataleta infantil que a una lucha consciente contra la explotación. Por eso hacemos un llamamiento a los asistentes a dichas movilizaciones a que mediante nuestra autoorganización como trabajadores y estudiantes, donde las decisiones emanen de las asambleas horizontales, lejos de todo verticalismo y dirigentismo, basado en el trabajo diario y constante (y no en acciones puntuales “espectaculares”), nuestra unión mediante la libre asociación, es decir, el Federalismo, la práctica cotidiana del enfrentamiento contra la dominación mediante la acción directa, libre de líderes e intermediarios, así como de la autogestión (autonomía económica frente al Estado y cualquier institución), apoyados por los principios de solidaridad y apoyo mutuo entre explotados y oprimidos construyamos un movimiento fuerte y organizado. Solo así representaremos una amenaza real al sistema y conseguiremos destrozar definitivamente el actual régimen de explotación y barbarie recuperando las riendas de nuestras vidas.

¡POR LA AUTOORGANIZACIÓN DE TRABAJADORES Y ESTUDIANTES!

¡CONTRA EL ESTADO, EL CAPITAL Y TODO AUTORIDAD!

¡POR LA ANARQUÍA!

Grupo Bandera Negra, adherido a la Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas (F.I.J.A.)