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Manifiesto de Oviedo: La CNT que queremos

El Sindicato de Oficios Varios de la CNT de Oviedo, reunido en Asamblea General, desea manifestar lo siguiente ante todo el movimiento libertario.

Que la CNT evolucione con los tiempos a medida que incorpora nuevas generaciones de afiliad@s y militantes, no sólo es una posibilidad, sino más bien una necesidad inexcusable y perentoria.

Sin embargo, queremos una organización que cambie para adquirir mayores cotas de democracia directa y horizontalismo, que es lo que pensamos sirve de verdad a la clase trabajadora; y no para transmutarse en un remedo de las organizaciones sindicales y políticas al uso, verticalistas, jerarquizadas, burocratizadas y altamente normatizadas.

Y al expresarnos así, no pretendemos contender con nadie, ni ejercer de oposición de nadie, ni criticar el modo de proceder particular de nadie.

Lo que queremos es una CNT anarcosindicalista, una CNT que no sacrifique sus principios, tácticas y finalidades, su esencia y su carácter, a eventuales apremios de eficacia y modernidad; es decir, que no esté sometida a constantes procedimientos de agilidad y urgencia por cuestiones de “utilidad”, o para no “quedarse descolgada” del “foco mediático”.

Defendemos una organización en la que las decisiones se debatan y consensúen en base a las propuestas que cada cual desee presentar. Nos parece autoritario y de todo punto intolerable el hecho de que secretariados permanentes o plenarias rechacen incluir en el orden del día de los plenos propuestas trabajadas en los sindicatos y vehiculadas orgánica y legítimamente; propuestas que se eliminan por la ley del número de votos o con el simple argumento de que a alguien no “le gustan”.

Además, ¿en qué punto de nuestra normativa se establece que secretari@s o comités puedan valorar o enjuiciar las comunicaciones que a través de ellos se tramitan al resto de la Organización? ¿Acaso haber sido elegid@s por sus sindicatos de pertenencia les faculta para exhibir sus opiniones ante todos los demás?

Nosotros pensamos que no; en absoluto. Normativamente l@s secretari@s no puede hacer valer el desempeño de un cargo orgánico para presentar propuestas, sino que deben hacerlo a través de su sindicato, como cualquier otr@ afiliad@. Los secretariados permanentes -de puertas para adentro- no son más que simples órganos de gestión y administración, y por tanto su deber, en cuanto a la información orgánicamente tramitada, es procurar que circule en plazo y limpia de calificaciones y de “sugerencias”.

Hemos de atajar esta deriva ejecutivista. Y asumir ya la responsabilidad que se adquiere “dejando hacer”. O sea, que solemos justificar en base a la supuesta buena voluntad de l@s compañer@s que, desde las secretarías, “se dejan la piel en bien de la Organización”.

El bien de la Organización -y el necesario trabajo militante- corresponde asumirlo a toda la afiliación. A las secretarías sólo les compete coordinar la labor colectiva de los sindicatos para que puedan alcanzarse los objetivos comunes propuestos.

El anarcosindicalismo debe ser ajeno a comités ejecutivos. Y al poder que da el dinero. Por eso pensamos que el sistema proporcional de votos del que nos hemos dotado adolece de un grave déficit democrático. Y no por los márgenes de proporcionalidad establecidos, sino porque mientras el número de votos de que dispone un sindicato o una regional dependa de las cotizaciones que en un momento dado pueda comprar, y no del número real de sus afiliad@s, ese número siempre podrá ser falseado a poco que se tenga dinero suficiente para ello.

Las cotizaciones no son afiliad@s. Un/una afiliad@ no es su cotización, sino una persona física, con nombre y apellidos y una situación sociolaboral concreta que paga una cuota. Queremos que en la CNT las decisiones sean justas y ponderadas, y no el resultado de proporciones numéricas. Queremos decidir no en base a cuántos somos, sino a quiénes somos. Queremos, en suma, una estadística confederal que garantice que los acuerdos de la CNT son reflejo fiel de la voluntad de tod@s l@s cenetistas.

Sólo así aceptaremos y acataremos cualquier cambio evolutivo que la CNT protagonice. Pero sólo así, y no de otra manera.

Defendemos asambleas y comicios abiertos, esto es, cuyos acuerdos sean fruto de debates legítimos, y no resultado de pactos o consensos previos adoptados por razones de urgencia, utilidad o agilidad por quienes consideran necesario liberar a la CNT de reuniones y discusiones innecesarias; o dirigir sus acuerdos; o aún peor, expurgarla de los sindicatos que no se sometan dócilmente a aquellos.

Ingenuamente o no, nosotros confiamos en la capacidad de los sindicatos para formar individual y colectivamente a sus afiliad@s (en asamblearismo, diálogo y comunicación, jurídica y nóminas, etc. etc.), de suerte que puedan organizar y autogestionar su propia defensa frente al Capital y al Estado. Se entenderá, pues, que hayamos asistido con preocupación a sucesivos nuevos repartos de la cuota de afiliación, los cuales cada vez retraen dinero para más y más conceptos, y dejan menos disponible para los sindicatos.

Y no es que gabinetes y otros cuerpos extraños al cuerpo orgánico nos parezcan malos de por sí, que dependerá de la relación entre su utilidad efectiva y su coste real. Pero lo cierto es que, con los magros ingresos que sostienen a la mayoría de los sindicatos, cualquier gasto extra no puede por menos que venir a hacerlos más dependientes de su regional y, por extensión, del comité confederal.

Sostenemos que sindicatos económicamente inermes, refuerzan una CNT que inevitablemente se deslizará por la pendiente del verticalismo. O sea, una CNT tendente a centralizar la gestión de sus recursos (la edición de su material de prensa y propaganda, por ejemplo), y antes o después, se verá forzada a enajenar patrimonio (locales) para hacer frente a sus deudas.

No somos ni agoreros ni adivinos. Pero lo que venimos observando, no nos anima a pensar algo distinto.

Tampoco nos resulta fácil bucear por una normativa orgánica cada vez más alambicada y sujeta a interpretación interesada. ¡Qué lejos los tiempos en los que en la CNT predominaba el espíritu de la letra y no la letra y su modo de redacción! ¡Si hasta nos hemos dotado de un código sancionador!

No queremos, nos-ne-ga-mos, a que los órdenes del día de nuestras asambleas (de sindicato) estén plagados de temas orgánicos, de puntos que tratar para plenos que han de decidir lo que otros plenos trataron. Simplemente es que tenemos más que hacer: derrotar al Capital y lidiar en desigual lucha contra su brazo ejecutor, el Estado.

Y como sabemos que no luchar contra el Estado supone acabar asimilado por él (mil veces nos lo demuestra la experiencia), no comprendemos bien la convergencia de la CNT con organizaciones estatistas de todo tipo. Sabemos cuál es la excusa: la debilidad de nuestras fuerzas y la urgente necesidad de contrarrestar la creciente y acelerada depauperación de los escasos derechos que amparan a l@s trabajadores/as frente al poder.

Pero no tiene sentido (lo repetiremos: no tiene sentido) mostrar a la CNT como un sindicato diferente, como una alternativa real al modelo sindical establecido, si en la práctica hacemos lo mismo que los demás sindicatos; pero peor hecho, puesto que nos faltan la vocación y los medios.

Por eso no podemos permitirnos el lujo de creer -y permitir que la gente crea- que uno de los principales métodos de lucha de l@s trabajadores/as, la huelga general, consiste en hacer un paro de un día. Ni permitir que ante regulaciones o despidos nuestra principal defensa se reduzca a simple asesoramiento jurídico. Ni intentar boicotear a los burosindicatos en tajos, talleres y fábricas (con independencia de que tengan mayoría o no en los comités de empresa), para luego sumarnos a ellos en la calle sólo porque las reivindicaciones que vocean coinciden con las nuestras.

No podemos renunciar, en definitiva, a la acción directa, que no es ninguna entelequia, sino muy al contrario, la labor concreta de difundir el anarcoasamblearismo (para empezar) allí dondequiera que se reúnan más de dos personas dispuestas a organizarse y luchar por sus derechos.

Defendemos una CNT anarcosindicalista; o sea, no electoralista, ni colaboracionista, libre de injerencias políticas, religiosas o empresariales en sus sindicatos, ajena a liderazgos, castas y profesionalismos.

Defendemos una CNT que no olvide que, además de un sindicato, es parte de un movimiento anarcosindicalista internacional (la AIT), y por ende forma parte de todo un movimiento sociocultural que contribuyó a engendrar ateneos, colectividades, escuelas, imprentas, bibliotecas… y que debe aprestarse a recuperar.

En definitiva, lo que queremos es sencillo: una CNT como modelo a imitar por otras organizaciones, y no al revés. Una organización cuyo rumbo sea el fruto consciente, asambleario y democrático de las decisiones de sus afiliad@s, y no de un@s poc@s. Un órgano de lucha, formación y transformación social llamado a extinguirse y desaparecer cuando consiga sus objetivos revolucionarios, y no antes”.